PROGRAMACIÓN CAT 2009 / 2010 / 2011

El teatro público es garante de un derecho de la ciudadanía irrenunciable. Derecho de crecer y convivir con las creaciones escénicas contemporáneas y con nuestro patrimonio oral, literario, dramático y teatral.

Un teatro público, como el CAT, desde la creación, la investigación y la cooperación interautonómica e internacional, tiene la oportunidad de configurar una matria escénica capaz de traducir en expresiones culturales identidades, no asesinas, con voces plurales y ser un vehículo para el diálogo cultural. Un movimiento hacia una ecología del sujeto, de la sociedad y de la relación del ser humano con su entorno.

Desde las artes escénicas, es clave hacer de Andalucía un lugar para el encuentro, una cultura de lazos que nos permita vivir con decisión y ética la incertidumbre del mundo que nos toca vivir.

El teatro es uno de esos lugares donde respirar es posible. Porque por encima de todo, entre sus paredes, los seres vivos se sienten respetados.

Las coproducciones con el Centro Dramático Nacional (Bodas de Sangre), con un creador andaluz, Rafael Álvarez “El Brujo” (El Testigo), y con Galiardo Producciones, CDN, Teatro Calderón, Comunidad de Madrid (El Avaro), van a permitirnos ahondar en un camino que queremos transitar en compañía tanto de otros centros de titularidad pública como proyectos de iniciativas privadas que estén bien asentados en las lógicas artísticas de un centro público como el CAT; difundiéndose las creaciones por las ocho provincias andaluzas dentro del programa “Andalucía nuestro escenario”.

La “escuela de espectadores/as”, que se realiza en coordinación con el Teatro Central, Teatro Cánovas y Teatro Alhambra, desarrollará el proyecto piloto que iniciamos en Málaga y que busca, más allá de crear expertos, construir un espacio común, a través del teatro, para una participación más crítica de la ciudadanía en el arte y la cultura.

Los foros internacionales (Mediterráneo en Almería e Iberoamericano en Huelva) construirán en nuestro imaginario común la idea que esta tierra es un lugar de encuentro. Darán sentido de algún modo a nuestro empeño: “nos vemos en Andalucía”.

El apoyo a la dramaturgia andaluza (publicación del Premio Romero Esteo y convocatoria del Premio Martín Recuerda) cierra una línea transversal de apoyo a nuestros creadores escénicos. Las publicaciones, con el Centro de Documentación de las Artes Escénicas de Andalucía, dan constancia y difunden un patrimonio que tanto en sus formas de hacer como en sus obras sirven de puente para la creación futura.

Este no andar solos, tiene su continuación en la coordinación, por parte del CAT, del recién creado “Banco de ideas y proyectos interautonómico”, que reúne a los más importantes centros públicos de las diferentes comunidades autónomas, los centros de producción nacionales, festivales e iniciativas privadas.

Francisco Ortuño Millán
Director
Centro Andaluz de Teatro

CAT 2009

Más allá de pensar el teatro como un actor económico que juega un papel importante en los movimientos contemporáneos de lo que hoy se entiende por recursos de la cultura, que lo es; me gustaría acentuar, en estas palabras, el papel histórico del teatro como motor de cambio y catalizador del sentir de un pueblo, sirva de ejemplo su incuestionable labor en la construcción de la transición española.

La escena no sólo es la foto del conjunto de conflictos que cohabitan en una comunidad, es también el lugar, ecológico por excelencia, dónde se da una imagen metafórica del crecimiento sostenible de una cultura (teatral en este caso) y por extensión de la sociedad (el público).

Es deseable que el teatro que hagamos no represente sólo los intereses de “unos pocos” hecho realidad, ni responda a una seducción presidida por un mercado de consumo masivo sin rostros humanos, sino que también se levante para dar voz a aquello que tozudo grita y en un “quejío” nos pone frente al espejo.

Sería saludable que no hiciésemos un teatro de usar y tirar; que las obras escénicas de éxito o fracaso no vengan sólo dibujadas por las ventas, los índices de audiencia y los ingresos en taquilla. Me temo que si no somos capaces de levantar el teatro de los bolsillos acabaremos por quedarnos todos al nivel de prometedores residuos.

No son malos tiempos para la lírica, nunca lo fueron, porque desde el imaginario, la audacia escénica, el vértigo artístico, la creatividad cultural, el ser humano ha sido capaz de reconocerse, de mirarse, de saberse fallido, ensoñador, contradictorio. ¿Qué sería hoy de las troyanas que habitan el mundo sin Eurípides o de los Hamlets sin Shakespeare o de las Bernardas y las mujeres silenciadas por ellas sin Lorca? ¿Acaso escribieron estos hombres del teatro bajo el signo del cálculo o en épocas de dulce calma? ¿No les hubiera sido más cómodo y menos costoso socialmente escribir otras cosas más livianas, de esas para pasar el rato o matar el tiempo?

Se alza en esta programación la voz de la Algeciras de Juan Alberto Salvatierra herida por la constante vergüenza de no dar solución al tráfico humano y las vidas desperdiciadas; se rebelan los negros con su continua alegría ante el sórdido mundo de los amos de Simón Aguado; se rompe la garganta el testigo de Quiñones porque se oiga la verdadera historia de Miguel Pantalón; se muere de impotencia la madre de las bodas de sangre lorquiana por ese cuchillito que ahonda y mata. ¿Acaso acabaremos por dibujar una puerta en la pared y nos quedaremos dormidos?¿Vamos a dejar que nos arrebaten el placer irrepetible de una emoción en un patio de butacas?

Si cerramos las puertas a los creadores y creadoras mediterráneos/as o iberoamericanos/as que se buscan y se encuentran en Andalucía; si olvidamos a las mujeres que se salen del formato porque no aguantan más tanto silencio y por hacerse visibles hacen del teatro/performance una continua lucha; si no damos más premios; si no celebramos más días del teatro; si cerramos las puertas y contamos el dinero, quizás sólo nos quede la farsa de la cultura, esa que puede acabar por meternos a todos y a todas en nuestras casas. Quién sabe si desde allí, parapetados, cuando oigamos que llaman a la puerta, gritemos malhumorados, ya sin vergüenza: “no hay nadie”. Quizás sea tan tarde que hasta sea verdad.

Esta programación, hecha de la mano del PECA en todos sus sentidos, refleja el carácter plural del CAT. Creadores artísticos y técnicos encabezados por directores como Julio Fraga, Carlos Góngora, Rafael Álvarez “El Brujo” o José Carlos Plaza, representan un sector profesional y artístico comprometido con la historia que nos toca vivir; artistas pegados/as a su público y a nuestros/as autores/as; Monleones, Molinas o Marianas que desde el IITM o el CELCIT o el Festival “La otra mirada”, estoy seguro que no estarán por la labor de bajar los brazos y seguirán haciendo que nos mezclemos. Unas y otros, creadores y público, arrimarán el hombro, como en el “nos” machadiano, cuando más los necesitemos: ahora que parece que el vocerío nos trae maleadas noticias. Siempre ha estado el teatro ahí, con los sin voz, con los sin memoria, con los invisibles, con los que se toman la vida a borbotones y aquí seguirá.

Os deseo un buen comienzo para esta tercera década del CAT y un buen camino.

Francisco Ortuño Millán
Director
Centro Andaluz de Teatro

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